domingo, 20 de junio de 2010

-fragmento de texto dramático-




Transición musical. Actriz cambia de vestuario y toma una escoba para limpiar el piso del escenario.

Ambiente de realismo mágico que recuerda un texto de Juan Rulfo.


MICAELA

5 de la mañana. Me levanto y voy a darle de comer a los puercos y desgranar el ‘máiz’ para las gallinas y las tortillas

7 de la mañana. Me meto al campo para quitar la hierba que nunca se va; que crece y crece y siempre parece estar ahí, por más que la arranque.

10 de la mañana. Limpio la casa de un polvo que forma un gruesa capa sobre las cortinas, los muebles, los techos y sobre mí. La capa de polvo ha crecido tanto que ahora limpio el polvo sobre el polvo.

2 de la tarde. Preparo y sirvo la comida para los patrones; para después recogerla de nuevo, comerme las sobras y tirar el resto.

4 de la tarde. Barro los pisos de ajedrez de toda la hacienda, que de tanto limpiar ya no se distinguen los negros de los blancos.

6 de la tarde. Después de arreglarme me siento en la mecedora de la terraza frente a la casa para esperar el regreso del patrón… como he venido haciendo durante los últimos 100 años.


Hace 100 años que todos se fueron a la guerra; el amo se fue con ellos. Todo empezó con un sonido de tambores; el patrón me dijo que era el canto de la revolución, que su bisabuelo oyó el mismo canto y se fue a la guerra contra los españoles. Hoy hace un siglo la gente escuchó lo mismo y se fueron a pelear, ahora contra otros mexicanos, y me dejaron sola para cuidar la hacienda.

Ya tiene mucho que dejé de oír ese sonido… hasta hace unos días. No hay nadie en este pueblo fantasma para salir a la bola, solo yo; pero ahora estoy lista. No quedan rifles, ni pistolas, ni escopeta de caza; pero hace años oí de un grupo de indios que salió a la batalla con fusiles de palo, machetes y mucha ideología… yo solo tengo mi escoba y unas ganas de dormir un siglo entero. No soy india, soy negra, pero he ensayado y estoy lista.

Mis manos son hábiles, mis piernas firmes y mi espalda aún fuerte. El monte me dará de comer y dará mis armas de palos y piedras: tengo el grito del jaguar en la sangre y el poder de mi madre: Oshún, mi madre negra; Tonantzin, mi madre india y la Guadalupe, mi madre mestiza. Ahora se que los tambores son el clamor de su corazón, es la tierra que respira, que sabe que estoy sola en la hacienda, pero tengo la compañía de las ánimas, los espíritus de los guerreros caídos que son mi ejercito, mi procesión, mis hermanos. Dejaré servida la cazuela del mole para cuando regrese el patrón… y espero regresar con él para la gran fiesta de libertad.


-suena el tambor-


Ahí están, vuelvo a escucharlos. Ha llegado la hora y no hay nadie que se vaya y me deje sola para limpiar; soy yo quien va a la batalla por la tierra, con la montaña, con el río, el jaguar y el águila.

Soy yo quien se va, y ahora si las cosas van a salir bien.




-a mi madre, Guadalupe. Guerrera incansable.-